jueves, 22 de noviembre de 2018

Reseña ética y moral
En esta reseña tiene como objetivo repensar los conceptos de la ética y la moral hoy, conceptos que están de moda y se han convertido en un tema cotidiano y de preocupación en espacios públicos y privados y sobre los cuales se teje una serie de imaginarios en todos los niveles; se apela a ellos como remedio para todos los males pero no se comprende su significación y su alcance.
La ética y la moral están de moda. A su alrededor se tejen imaginarios, creencias, calificativos y afirmaciones que hablan en su nombre, sin conocerse a ciencia cierta cuál es la significación que se tiene de la ética o a cuáles códigos morales hacen referencia. Su re–actualización se observa a través de debates en el mundo político y empresarial, en los claustros universitarios e instituciones de educación media, en reuniones de padres de familia, en periódicos y revistas. Hace un tiempo era un discurso de filósofos para filósofos, de la religión para los feligreses, hoy se ha convertido en un tema cotidiano y privados.
Con motivo de la preparación e implementación por parte de la SEP de los nuevos programas de formación cívica y ética para la educación secundaria, en 1999 Pablo Atapé Sarre elaboró el libro aquí comentado. El autor juzgó que el cambio curricular tenía mucha trascendencia y que era “ocasión para reexaminar el olvidado tema de la formación moral en la escuela pública y, en particular, su relación con la laicidad prescrita en el Artículo 3º. Constitucional. Debe notarse que para Atapé la formación moral en la escuela pública es un ‘tema olvidado’, es decir, se trata de una grave cuestión filosófica, social, política y pedagógica. Entre los trabajos de Atapé este libro es un punto culminante de múltiples reflexiones concernientes a la función formativa de la escuela, tarea caída en el olvido por causas imputables no sólo, ni fundamentalmente, a esta institución sino a la sociedad, al sistema político, a las relaciones económicas dominantes en la so-ciudad mexicana, a cierta mistificación del catolicismo nacional, y a los intereses del sindicato magisterial. La escuela es una institución social  sea pública o privada  con graves encargos humanísticos y políticos: promover la personalización de los individuos, formar a los ciudadanos en coherencia con nuestros principios y valores jurídicos fundamentales, y contribuir con la gestación y fortalecimiento de una sociedad asentada en relaciones humanas justas.
Por ello, es grave que se diagnostique que ha olvidado la formación moral. Ante tal estado de cosas, el autor se propone “ofrecer a los padres de familia, tanto de las escuelas públicas como privadas, a los maestros, a los funcionarios y a la opinión pública en general, una reflexión sistemática sobre la formación moral en la escuela, su naturaleza, límites, implicaciones y condiciones”. Para tal reflexión se adopta la perspectiva “de laicidad escolar que rige para la enseñanza pública” atendiendo sobre todo a dos hechos: las reformas jurídicas de 1992 y 1993, y el surgimiento de un “nuevo ambiente cultural” en materia de relaciones Estado e iglesias y de prácticas religiosas y actitudes ante la laicidad escolar.
 Los problemas políticos del país  democratización, vigencia del estado de derecho, respeto intercultural  y la renovación del currículo de la educación secundaria hacen necesaria la reflexión sobre la laicidad escolar para darle nueva identidad y formas de acción. Si la moral regresa a la escuela, ha de ser con visiones políticas, jurídicas, pedagógicas y religiosas renovadas. La moral salió de la escuela pero se extravió primariamente en la sociedad y en las relaciones políticas, no en la institución escolar; sociedad y política desviaron la moral de sus caminos y sus cometidos escolares.
 Las cuestiones centrales de la reforma de 1999 y las analizadas por Atapé continúan requiriendo atención; por ello tiene sentido pensar hoy cómo es que la moral puede regresar a la escuela. El contenido del libro El libro está integrado por cuatro capítulos, una conclusión  ésta es más que tal cosa, pues con-tiene la propuesta de laicidad abierta derivada del análisis realizado a lo largo del texto y dos apéndices. El primer capítulo se ocupa de la cuestión de la formación moral teniendo como punto de partida el supuesto de que el sentido ético es inherente a toda persona:
Ámbito moral es la capacidad humana de optar, de modo libre y responsable, ante valores diferentes”. De ello hay una consecuencia inmediata para la educación moral que consiste en preparar al individuo para resolver los conflictos de valores aprendiendo a elegir con responsabilidad y con una conciencia autónoma. Se trata entonces, habría que añadir, de desarrollar una aptitud de la persona, pues la libertad inherente no es capacidad actuante. Se analizan luego los distintos enfoques de la ética y se plantea una concepción del orden moral sustentado en la capacidad humana de elegir. Este orden moral implica la adquisición de valores personales que estarán necesariamente referidos a las normas, las leyes, el prójimo con un horizonte de autonomía moral en el que se integran tres capacidades: “la del juicio moral, la del sentimiento o sensibilidad afectiva a los aspectos morales, y la de autorregulación de los propios comportamientos”.
Atapé expresa su opción por una ética de fines con “vertiente axiológica”; por una ética material en la que “los valores son referentes o bienes independientes del yo”, sin que ello esté en contradicción con una visión psicológica del desarrollo moral, tema al que dedica unas páginas del texto. Luego de presentar las posturas pedagógicas en la formación de valores cierra el capítulo mencionando algunos rasgos y actores de una pedagogía moral acorde al enfoque cognitivo evolutivo. En suma, afirma que “el ámbito de los actos morales o éticos abarca tanto la vida individual como la social; su especificación proviene de la necesidad de tomar decisiones libres, de las que siguen consecuencias para uno mismo o para los otros”.
 Consecuentemente con ello, “la formación moral debe abarcar no sólo los juicios sobre cuestiones concretas o conflictos específicos, sino también una comprensión esquematizada del orden moral, de la naturaleza y fundamento de los actos morales, de la relación de la conciencia subjetiva con la ley y las normas sociales, y los principios generales que ayuden a resolver los conflictos de conciencia”. El segundo capítulo analiza la laicidad del Estado mexicano aclarando de entrada que el concepto político de laicidad tiene dos elementos, a saber, “el reconocimiento de la libertad religiosa y el principio de separación entre Estado e Iglesia”.
 Luego de una síntesis de las relaciones Estado-Iglesia desde la época colonial al presente, ofrece una tipología de las formas que ha tomado el laicismo en distintos países: estados anticlericales, estados antirreligiosos y estados neutros; pudiendo ser estos últimos de neutralidad negativa, cuando hay indiferencia ante el hecho religioso, o positiva, cuando el Estado se muestra dispuesto a “colaborar con las iglesias en asuntos de interés común. El Estado mexicano, no obstante los cambios jurídicos recientes (1992-1993), no tiene aún el carácter pleno de neutralidad positiva pues no constituye un Estado laico como se caracteriza en “la moderna teoría del Estado social de derecho democrático” ni ha asimilado lo que es el “moderno concepto de ‘derecho de libertad religiosa’ en el derecho internacional de los derechos humanos”. El tercer capítulo está dedicado a las relaciones entre la laicidad escolar y la formación moral en México. En primer término hace un repaso de la formación moral en la escuela pública desde la Independencia hasta el presente, destacando que en la educación cívica de secundaria previa a la reforma de 1999 “había muchos elementos de formación moral, aunque sin ese nombre” y con algunas limitaciones. En segundo término hace un repaso del objetivo y características de la nueva asignatura de Formación Cívica y Ética observan-do algunas deficiencias lógicas, filosóficas, curriculares y pedagógicas. Tiene especial importancia, por sus consecuencias programáticas, una deficiencia filosófica ya que, señala atapé, podría esperarse “que se expusiera una concepción fundamental del objeto de la Ética como disciplina, que es el orden moral y sus fundamentaciones, y de ello derivaran las orientaciones didácticas”, pero tal cosa no sucede; la concepción que se presenta es difusa.
Opinión: hablando de la ética y o moral n contexto filosófico, la ética y la moral tienen diferentes significados. La ética está relacionada con el estudio fundamentado de los valores morales que guían el comportamiento humano en la sociedad, mientras que la moral son las costumbres, normas, tabúes y convenios establecidos por cada sociedad. Estos términos tienen diferente origen etimológico. La palabra "ética" viene del griego  que significa "forma de ser" o "carácter". La palabra "moral" viene de la palabra latina morales, que significa "relativo a las costumbres". La ética es un conjunto de conocimientos derivados de la investigación de la conducta humana al tratar de explicar las reglas morales de manera racional, fundamentada, científica y teórica. Es una reflexión sobre la moral. La moral es el conjunto de reglas que se aplican en la vida cotidiana y todos los ciudadanos las utilizan continuamente. Estas normas guían a cada individuo, orientando sus acciones y sus juicios sobre lo que es moral o inmoral, correcto o incorrecto, bueno o malo.

En un sentido práctico, el propósito de la ética y la moral es muy similar. Ambas son responsables de la construcción de la base que guiará la conducta del hombre, determinando su carácter, su altruismo y sus virtudes, y de enseñar la mejor manera de actuar y comportarse en sociedad.

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