Reseña
ética y moral
En esta reseña tiene como
objetivo repensar los conceptos de la ética y la moral hoy, conceptos que están
de moda y se han convertido en un tema cotidiano y de preocupación en espacios
públicos y privados y sobre los cuales se teje una serie de imaginarios en
todos los niveles; se apela a ellos como remedio para todos los males pero no
se comprende su significación y su alcance.
La ética y la moral están de
moda. A su alrededor se tejen imaginarios, creencias, calificativos y afirmaciones
que hablan en su nombre, sin conocerse a ciencia cierta cuál es la
significación que se tiene de la ética o a cuáles códigos morales hacen
referencia. Su re–actualización se observa a través de debates en el mundo
político y empresarial, en los claustros universitarios e instituciones de
educación media, en reuniones de padres de familia, en periódicos y revistas.
Hace un tiempo era un discurso de filósofos para filósofos, de la religión para
los feligreses, hoy se ha convertido en un tema cotidiano y privados.
Con motivo de la preparación e
implementación por parte de la SEP de los nuevos programas de formación cívica
y ética para la educación secundaria, en 1999 Pablo Atapé Sarre elaboró el
libro aquí comentado. El autor juzgó que el cambio curricular tenía mucha
trascendencia y que era “ocasión para reexaminar el olvidado tema de la
formación moral en la escuela pública y, en particular, su relación con la
laicidad prescrita en el Artículo 3º. Constitucional. Debe notarse que para Atapé
la formación moral en la escuela pública es un ‘tema olvidado’, es decir, se
trata de una grave cuestión filosófica, social, política y pedagógica. Entre
los trabajos de Atapé este libro es un punto culminante de múltiples
reflexiones concernientes a la función formativa de la escuela, tarea caída en
el olvido por causas imputables no sólo, ni fundamentalmente, a esta
institución sino a la sociedad, al sistema político, a las relaciones
económicas dominantes en la so-ciudad mexicana, a cierta mistificación del
catolicismo nacional, y a los intereses del sindicato magisterial. La escuela
es una institución social sea pública o
privada con graves encargos humanísticos
y políticos: promover la personalización de los individuos, formar a los
ciudadanos en coherencia con nuestros principios y valores jurídicos
fundamentales, y contribuir con la gestación y fortalecimiento de una sociedad
asentada en relaciones humanas justas.
Por ello, es grave que se
diagnostique que ha olvidado la formación moral. Ante tal estado de cosas, el
autor se propone “ofrecer a los padres de familia, tanto de las escuelas
públicas como privadas, a los maestros, a los funcionarios y a la opinión
pública en general, una reflexión sistemática sobre la formación moral en la
escuela, su naturaleza, límites, implicaciones y condiciones”. Para tal
reflexión se adopta la perspectiva “de laicidad escolar que rige para la
enseñanza pública” atendiendo sobre todo a dos hechos: las reformas jurídicas
de 1992 y 1993, y el surgimiento de un “nuevo ambiente cultural” en materia de
relaciones Estado e iglesias y de prácticas religiosas y actitudes ante la
laicidad escolar.
Los problemas políticos del país democratización, vigencia del estado de
derecho, respeto intercultural y la
renovación del currículo de la educación secundaria hacen necesaria la
reflexión sobre la laicidad escolar para darle nueva identidad y formas de
acción. Si la moral regresa a la escuela, ha de ser con visiones políticas,
jurídicas, pedagógicas y religiosas renovadas. La moral salió de la escuela
pero se extravió primariamente en la sociedad y en las relaciones políticas, no
en la institución escolar; sociedad y política desviaron la moral de sus
caminos y sus cometidos escolares.
Las cuestiones centrales de la reforma de 1999
y las analizadas por Atapé continúan requiriendo atención; por ello tiene
sentido pensar hoy cómo es que la moral puede regresar a la escuela. El
contenido del libro El libro está integrado por cuatro capítulos, una
conclusión ésta es más que tal cosa,
pues con-tiene la propuesta de laicidad abierta derivada del análisis realizado
a lo largo del texto y dos apéndices. El primer capítulo se ocupa de la
cuestión de la formación moral teniendo como punto de partida el supuesto de
que el sentido ético es inherente a toda persona:
Ámbito moral es la capacidad
humana de optar, de modo libre y responsable, ante valores diferentes”. De ello
hay una consecuencia inmediata para la educación moral que consiste en preparar
al individuo para resolver los conflictos de valores aprendiendo a elegir con
responsabilidad y con una conciencia autónoma. Se trata entonces, habría que
añadir, de desarrollar una aptitud de la persona, pues la libertad inherente no
es capacidad actuante. Se analizan luego los distintos enfoques de la ética y
se plantea una concepción del orden moral sustentado en la capacidad humana de
elegir. Este orden moral implica la adquisición de valores personales que
estarán necesariamente referidos a las normas, las leyes, el prójimo con un
horizonte de autonomía moral en el que se integran tres capacidades: “la del
juicio moral, la del sentimiento o sensibilidad afectiva a los aspectos
morales, y la de autorregulación de los propios comportamientos”.
Atapé expresa su opción por una
ética de fines con “vertiente axiológica”; por una ética material en la que
“los valores son referentes o bienes independientes del yo”, sin que ello esté
en contradicción con una visión psicológica del desarrollo moral, tema al que
dedica unas páginas del texto. Luego de presentar las posturas pedagógicas en
la formación de valores cierra el capítulo mencionando algunos rasgos y actores
de una pedagogía moral acorde al enfoque cognitivo evolutivo. En suma, afirma
que “el ámbito de los actos morales o éticos abarca tanto la vida individual
como la social; su especificación proviene de la necesidad de tomar decisiones
libres, de las que siguen consecuencias para uno mismo o para los otros”.
Consecuentemente con ello, “la formación moral
debe abarcar no sólo los juicios sobre cuestiones concretas o conflictos
específicos, sino también una comprensión esquematizada del orden moral, de la
naturaleza y fundamento de los actos morales, de la relación de la conciencia
subjetiva con la ley y las normas sociales, y los principios generales que
ayuden a resolver los conflictos de conciencia”. El segundo capítulo analiza la
laicidad del Estado mexicano aclarando de entrada que el concepto político de
laicidad tiene dos elementos, a saber, “el reconocimiento de la libertad
religiosa y el principio de separación entre Estado e Iglesia”.
Luego de una síntesis de las relaciones Estado-Iglesia
desde la época colonial al presente, ofrece una tipología de las formas que ha
tomado el laicismo en distintos países: estados anticlericales, estados
antirreligiosos y estados neutros; pudiendo ser estos últimos de neutralidad
negativa, cuando hay indiferencia ante el hecho religioso, o positiva, cuando
el Estado se muestra dispuesto a “colaborar con las iglesias en asuntos de
interés común. El Estado mexicano, no obstante los cambios jurídicos recientes
(1992-1993), no tiene aún el carácter pleno de neutralidad positiva pues no
constituye un Estado laico como se caracteriza en “la moderna teoría del Estado
social de derecho democrático” ni ha asimilado lo que es el “moderno concepto
de ‘derecho de libertad religiosa’ en el derecho internacional de los derechos
humanos”. El tercer capítulo está dedicado a las relaciones entre la laicidad
escolar y la formación moral en México. En primer término hace un repaso de la
formación moral en la escuela pública desde la Independencia hasta el presente,
destacando que en la educación cívica de secundaria previa a la reforma de 1999
“había muchos elementos de formación moral, aunque sin ese nombre” y con
algunas limitaciones. En segundo término hace un repaso del objetivo y características
de la nueva asignatura de Formación Cívica y Ética observan-do algunas
deficiencias lógicas, filosóficas, curriculares y pedagógicas. Tiene especial
importancia, por sus consecuencias programáticas, una deficiencia filosófica ya
que, señala atapé, podría esperarse “que se expusiera una concepción
fundamental del objeto de la Ética como disciplina, que es el orden moral y sus
fundamentaciones, y de ello derivaran las orientaciones didácticas”, pero tal
cosa no sucede; la concepción que se presenta es difusa.
Opinión: hablando de la ética y o
moral n contexto filosófico, la ética y la moral tienen diferentes
significados. La ética está relacionada con el estudio fundamentado de los
valores morales que guían el comportamiento humano en la sociedad, mientras que
la moral son las costumbres, normas, tabúes y convenios establecidos por cada
sociedad. Estos términos tienen diferente origen etimológico. La palabra
"ética" viene del griego que
significa "forma de ser" o "carácter". La palabra
"moral" viene de la palabra latina morales, que significa
"relativo a las costumbres". La ética es un conjunto de conocimientos
derivados de la investigación de la conducta humana al tratar de explicar las
reglas morales de manera racional, fundamentada, científica y teórica. Es una
reflexión sobre la moral. La moral es el conjunto de reglas que se aplican en
la vida cotidiana y todos los ciudadanos las utilizan continuamente. Estas
normas guían a cada individuo, orientando sus acciones y sus juicios sobre lo
que es moral o inmoral, correcto o incorrecto, bueno o malo.
En un sentido práctico, el
propósito de la ética y la moral es muy similar. Ambas son responsables de la
construcción de la base que guiará la conducta del hombre, determinando su
carácter, su altruismo y sus virtudes, y de enseñar la mejor manera de actuar y
comportarse en sociedad.
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